La duda sobre si conviene tener la aerotermia siempre encendida aparece sobre todo en invierno, cuando queremos mantener la casa confortable sin disparar la factura. La respuesta depende de la inercia térmica de la vivienda, el tipo de emisores, el aislamiento y el tiempo que permanece ocupada. Explico cuándo compensa mantenerla activa, cuándo basta con reducir la temperatura y cómo configurarla para que trabaje con eficiencia.
La mejor estrategia depende del tipo de vivienda y del horario de uso
- Funcionamiento continuo no significa que el compresor trabaje sin parar.
- Con suelo radiante suele funcionar mejor una temperatura estable que los encendidos y apagados frecuentes.
- Durante ausencias largas conviene aplicar una reducción de consigna, no mantener la temperatura de confort.
- El mayor ahorro suele venir de trabajar con baja temperatura de impulsión y una buena regulación.
- En una segunda residencia no hay que desenchufar el equipo por completo debido a las protecciones antihielo.

Qué significa realmente dejar la aerotermia funcionando todo el día
Una bomba de calor aerotérmica no funciona como un radiador eléctrico que consume su potencia máxima desde que se enciende hasta que se apaga. El equipo extrae calor del aire exterior y lo transfiere al agua de la instalación, mientras el compresor adapta su esfuerzo a la demanda de la vivienda.
Por eso, mantener el sistema conectado no implica necesariamente un consumo constante. Cuando se alcanza la temperatura programada, el compresor puede reducir su potencia o detenerse temporalmente, y vuelve a trabajar cuando la casa pierde calor. Esta modulación es una de las razones por las que los ciclos suaves suelen resultar más cómodos y eficientes.
El error más habitual consiste en confundir el tiempo de conexión con el consumo real. Una máquina de 8 kW térmicos no consume automáticamente 8 kWh eléctricos cada hora. Con un COP aproximado de 4, por ejemplo, necesitaría alrededor de 2 kW eléctricos mientras trabaja en esas condiciones, aunque el rendimiento cambia según la temperatura exterior, la impulsión y el estado de la instalación.
Cuándo compensa mantenerla activa
En una vivienda con suelo radiante, buen aislamiento y ocupación diaria, yo prefiero una consigna estable durante la mayor parte del día. El pavimento acumula calor y lo libera lentamente, de modo que apagar completamente el sistema puede provocar varias horas de recuperación cuando se vuelve a encender.
La misma lógica puede aplicarse a radiadores de baja temperatura, aunque la respuesta suele ser algo más rápida. En cambio, los radiadores convencionales pueden exigir una temperatura de agua más elevada, lo que reduce el rendimiento de la bomba de calor y hace menos interesante mantener una consigna alta durante muchas horas.
El funcionamiento continuo suele tener sentido en estos casos:
- La vivienda está ocupada durante gran parte del día.
- Hay suelo radiante o emisores de baja temperatura.
- La ausencia dura pocas horas.
- El aislamiento evita pérdidas rápidas de calor.
- La regulación utiliza una sonda exterior o compensación climática.
En una casa bien aislada, una reducción de 1 o 2 ºC durante una ausencia corta puede ser suficiente. Así se evita que el sistema tenga que recuperar de golpe una temperatura demasiado baja, sin mantener el mismo nivel de confort cuando nadie está en casa.
Cuándo es mejor reducir la temperatura o apagar la calefacción
Dejar la calefacción a temperatura de confort durante una ausencia prolongada no ahorra por el simple hecho de que la aerotermia sea eficiente. Si la vivienda pierde calor durante ocho o diez horas, el equipo tendrá que reponer continuamente esas pérdidas. En ese escenario suele ser más razonable programar una temperatura de mantenimiento.
Para una ausencia de varias horas, puede probarse una consigna de entre 16 y 18 ºC, siempre que el fabricante y el instalador no indiquen otra cosa. En una vivienda con mucha inercia, la recuperación debe empezar con antelación, porque subir rápidamente varios grados no siempre es posible ni eficiente.
Por la noche, el criterio depende de la casa. El IDAE recomienda trabajar alrededor de 20 o 21 ºC durante la ocupación y reducir la temperatura nocturna, ya que para dormir suele bastar con un ambiente más fresco. En una vivienda muy bien aislada la diferencia puede ser pequeña, mientras que en una casa fría y húmeda puede resultar preferible una reducción moderada.
También conviene distinguir entre apagar la calefacción y cortar la alimentación eléctrica. En una segunda residencia o durante una ola de frío, yo no desenchufaría el sistema. La OCU recomienda mantener conectada la instalación para que funcionen las protecciones antihielo, aunque la climatización esté fuera de servicio.
La configuración que más influye en el consumo
Temperatura interior razonable
Subir el termostato no hace que la bomba de calor caliente más deprisa de forma proporcional. Solo le pide alcanzar una temperatura final más alta. Según el IDAE, cada grado adicional puede aumentar el consumo de calefacción aproximadamente un 7 %, aunque el impacto real depende del clima, el aislamiento y la instalación.
Como punto de partida, programaría 20 o 21 ºC cuando la vivienda está ocupada y una consigna inferior durante la noche o las ausencias. Conviene ajustar después según la sensación real, en lugar de saltar directamente a 23 o 24 ºC.
Temperatura de impulsión baja
La temperatura de impulsión es la temperatura del agua que sale hacia el suelo radiante, los radiadores o los fancoils. Cuanto más baja pueda mantenerse sin perder confort, mejor será normalmente el rendimiento de la bomba de calor.
El IDAE sitúa de forma habitual el rango de calefacción de estos equipos entre 35 y 60 ºC, aunque un suelo radiante puede trabajar con valores mucho menores que un radiador convencional. La regulación climática, que adapta la impulsión a la temperatura exterior, suele ser más eficiente que fijar manualmente una temperatura alta durante toda la temporada.
Lee también: Cómo funciona una bomba de calor en aerotermia y cuándo compensa
Programación y agua caliente sanitaria
La aerotermia también puede producir agua caliente sanitaria, y esa demanda no debe confundirse con la calefacción. El depósito puede activarse varias veces al día para compensar las duchas y las pérdidas térmicas, por lo que merece la pena revisar sus horarios y evitar temperaturas excesivas.
La desinfección periódica contra la legionela debe mantenerse según las instrucciones del fabricante. No recomiendo modificar ese ciclo sin asesoramiento técnico, porque el ahorro conseguido sería pequeño frente al riesgo de dejar una función sanitaria mal configurada.
Suelo radiante, radiadores y fancoils no se comportan igual
El tipo de emisor determina si conviene una estrategia estable o más flexible. El suelo radiante responde lentamente, pero distribuye el calor de manera uniforme y trabaja con agua a baja temperatura. Los fancoils reaccionan con rapidez y permiten cambios de horario más marcados, mientras que los radiadores dependen mucho de su tamaño y de la temperatura que necesiten.
| Emisor | Respuesta | Gestión habitual |
|---|---|---|
| Suelo radiante | Lenta y con mucha inercia | Consigna estable y reducciones pequeñas |
| Radiador de baja temperatura | Media | Programación flexible con impulsión moderada |
| Radiador convencional | Media o rápida | Comprobar que la bomba cubra la demanda sin impulsiones excesivas |
| Fancoil | Rápida | Admite horarios y cambios de consigna más definidos |
En refrigeración hay una precaución adicional. El suelo refrescante no funciona como un aire acondicionado convencional y puede producir condensación si la superficie queda por debajo del punto de rocío. Por eso debe existir control de humedad y condensación, especialmente en zonas costeras o durante noches muy húmedas.
Señales de que la instalación no está bien ajustada
Si la aerotermia permanece activa muchas horas pero la vivienda no alcanza la temperatura deseada, no hay que asumir automáticamente que el equipo está consumiendo demasiado. Puede existir una potencia mal dimensionada, un caudal insuficiente, aire en el circuito, filtros sucios o una temperatura de impulsión demasiado baja para los emisores instalados.
También es sospechoso que el compresor arranque y se detenga cada pocos minutos. Ese comportamiento, llamado ciclo corto, puede indicar una mala configuración, poco volumen de agua o una zonificación excesiva. Conviene que un técnico revise el caudal mínimo, el depósito de inercia si existe y los parámetros de control.
El mantenimiento básico incluye limpiar la unidad exterior, comprobar que no haya hojas u obstáculos, revisar la presión del circuito y limpiar los intercambiadores. Si el sistema funciona durante todo el año, la OCU aconseja revisar la instalación al menos dos veces, antes de las temporadas de frío y calor.
La regla práctica para decidir sin gastar de más
Si la casa está ocupada, tiene suelo radiante y conserva bien el calor, mantendría una temperatura estable y reduciría solo uno o dos grados cuando la familia sale durante poco tiempo. Si la vivienda queda vacía muchas horas, bajaría la consigna y programaría el arranque con antelación. En una segunda residencia, dejaría conectadas las protecciones y evitaría mantener la temperatura de confort sin necesidad.
La conclusión que aplico en la práctica es sencilla: no hay que perseguir un encendido permanente ni apagar el sistema por reflejo. Lo más eficiente suele ser mantener una temperatura razonable, reducir las pérdidas y permitir que la bomba de calor module con una impulsión baja. La calidad del aislamiento y de la regulación acaba influyendo más que el número de veces que se pulsa el botón de encendido.