El consumo de un termo eléctrico depende menos de una cifra fija que del tamaño del depósito, la temperatura a la que lo mantienes y la cantidad de agua caliente que usas cada día. En una vivienda española puede ser una solución cómoda y limpia, pero también una de las partidas que más sube la factura cuando el equipo está sobredimensionado o trabaja demasiado caliente.
En este artículo explico cuánto consume de verdad, cómo hacer el cálculo sin complicarte, qué cambia según el clima y el número de personas, y qué ajustes prácticos recortan gasto sin perder confort.
Lo esencial sobre el consumo del termo eléctrico
- Un termo de resistencia gasta sobre todo por cuántos litros calienta y por cuánto tiempo mantiene el agua caliente.
- Como referencia práctica, calentar un depósito completo de 30 a 100 litros puede costar entre 0,42 y 1,40 € por ciclo, según la temperatura y tu precio de la luz.
- En vivienda habitual, el consumo mensual suele moverse desde unos 47 kWh por persona hasta casi 190 kWh en un hogar de 4 personas.
- Subir la consigna, acumular cal y dejar el termo lejos de los baños suele encarecerlo más de lo que parece.
- Bajar de 60 a 50 °C puede recortar alrededor de un 20% la energía de calentamiento del agua.
La respuesta corta si solo necesitas una cifra
Si tuviera que dar una respuesta breve, diría esto: un termo eléctrico doméstico suele moverse en una horquilla amplia, pero lo normal es que la factura dependa mucho más del uso que de la potencia del aparato. Para orientarte, calentar un depósito completo de 30 litros ronda los 1,67 kWh, uno de 50 litros los 2,79 kWh, uno de 80 litros los 4,47 kWh y uno de 100 litros los 5,58 kWh, tomando como ejemplo agua de red a 12 °C y acumulación a 60 °C.
| Capacidad | Energía para un llenado de 12 a 60 °C | Coste orientativo a 0,25 €/kWh |
|---|---|---|
| 30 litros | 1,67 kWh | 0,42 € |
| 50 litros | 2,79 kWh | 0,70 € |
| 80 litros | 4,47 kWh | 1,12 € |
| 100 litros | 5,58 kWh | 1,40 € |
Eso es el calentamiento de un depósito lleno. El consumo real del mes depende de cuántas veces se repita el ciclo, de la temperatura que mantengas y de las pérdidas en reposo. Por eso a mí no me gusta dar una sola cifra sin contexto: con el mismo termo, dos hogares pueden pagar facturas muy distintas.
Cómo calculo yo el consumo real
Hay dos fórmulas que conviene no confundir. La primera sirve para saber la energía necesaria para calentar el agua: litros × 0,001163 × salto térmico. El salto térmico es la diferencia entre la temperatura de entrada del agua y la que quieres alcanzar. La segunda, más simple, es potencia en kW × tiempo en horas, útil cuando solo quieres estimar cuánto gasta una resistencia funcionando.
Con un ejemplo claro se ve rápido: si el agua entra a 12 °C y quieres llevar 50 litros hasta 60 °C, el salto térmico es de 48 grados. El resultado está en torno a 2,8 kWh útiles. En un termo de resistencia directa, la conversión eléctrica es muy alta, así que la diferencia entre lo teórico y lo real suele venir más por las pérdidas del depósito, las recargas y la cal acumulada que por la propia resistencia.
En vivienda, el CTE toma como referencia 28 litros al día por persona a 60 °C para estimar la demanda de ACS. Esa cifra es muy útil porque te da una base objetiva para saber si tu termo está bien dimensionado o si está trabajando por encima de lo que realmente necesitas.
- Si el depósito es pequeño, se vacía antes y obliga a recalentar más veces.
- Si el agua sale muy caliente, mantienes el tanque a más temperatura de la necesaria.
- Si hay poca demanda, el equipo puede gastar más en mantener el calor que en producirlo.
Con esto ya puedes leer cualquier etiqueta o ficha técnica con más criterio, y eso ayuda mucho antes de entrar en las diferencias por vivienda o por clima.

Por qué no gasta lo mismo en todas las casas
La diferencia entre una vivienda y otra no es menor. El agua de red entra más fría en invierno que en verano, y no es lo mismo vivir en Burgos que en una costa suave del Mediterráneo. El propio CTE trabaja con temperaturas mensuales distintas por capital precisamente porque el consumo de ACS cambia con el clima y con la zona.
- Temperatura de consigna: pasar de 60 a 50 °C reduce alrededor de un 20% la energía de calentamiento del agua.
- Tamaño del depósito: más litros dan más autonomía, pero también más pérdidas en reposo si el consumo es bajo.
- Distancia a los puntos de uso: cuanto más lejos están los baños o la cocina, más calor se pierde por tubería.
- Cal del agua: en zonas duras, la incrustación obliga a trabajar peor al equipo y acelera el deterioro de la resistencia.
- Horarios de uso: un termo en una segunda residencia no consume igual que uno que se usa a diario por cuatro personas.
Yo aquí suelo fijarme en una idea simple: no paga lo mismo quien calienta un depósito pequeño y lo vacía casi del todo que quien mantiene 100 litros siempre listos para duchas escalonadas. Esa diferencia explica buena parte de la factura.
Cuánto suele gastar según el tamaño de la vivienda
Cuando el termo está bien dimensionado, la demanda diaria de referencia para una vivienda es fácil de aproximar. El cálculo oficial para uso residencial privado toma 28 litros por persona y día a 60 °C. Con ese punto de partida, estas cifras sirven bastante bien para orientarte.
| Hogar | Demanda de ACS de referencia | Consumo mensual aprox. | Gasto mensual a 0,25 €/kWh | Capacidad orientativa |
|---|---|---|---|---|
| 1 persona | 28 litros/día | 47 kWh/mes | 11,7 € | 30-50 litros |
| 2 personas | 56 litros/día | 94 kWh/mes | 23,4 € | 50-80 litros |
| 3 personas | 84 litros/día | 141 kWh/mes | 35,2 € | 80-100 litros |
| 4 personas | 112 litros/día | 188 kWh/mes | 46,9 € | 100-150 litros |
Estas cifras no incluyen una instalación deficiente, mucha cal, un termo sobredimensionado o un uso especialmente intensivo, así que yo las leería como una base seria, no como un tope máximo. En una vivienda real, una consigna demasiado alta o un aislamiento flojo puede sumar fácilmente un 10-20% adicional.
También hay una lectura práctica que no conviene perder de vista: si vives solo o en pareja y tienes un termo muy grande, es fácil que pagues más de la cuenta solo por mantener agua de sobra caliente durante muchas horas. A veces el ahorro empieza antes de enchufar nada, simplemente eligiendo bien los litros.
Cómo bajar la factura sin perder confort
Si mi objetivo fuera recortar consumo sin pelearme con el equipo, empezaría por estas acciones, en este orden:
| Medida | Qué cambia | Cuándo tiene más sentido |
|---|---|---|
| Ajustar la consigna a 50-55 °C | Reduce el tiempo y la energía necesarios para calentar el depósito | En viviendas sin necesidades higiénicas especiales |
| Programar el calentamiento por franjas | Evita mantener el agua caliente todo el día sin necesidad | Si tienes tarifa con discriminación horaria o autoconsumo solar |
| Aislar tuberías y acercar el equipo a los baños | Bajan las pérdidas por distribución | Si el termo está lejos de los puntos de consumo |
| Descalcificar y revisar el ánodo o la resistencia | Mantiene el intercambio térmico en buen estado | En zonas de agua dura o con años de uso |
| Elegir la capacidad correcta | Evita sobredimensionar el depósito y pagar pérdidas innecesarias | Cuando cambias el equipo o reformas la vivienda |
En muchas casas el ahorro no viene de apagarlo todo, sino de que el equipo mantenga menos litros a menos temperatura durante menos horas. Si además tienes placas fotovoltaicas, yo aprovecharía las horas centrales del día para calentar el agua y desplazar parte del consumo a tu propia producción.
Hay otra idea que suele dar buenos resultados y se pasa por alto: si el agua de tu zona es dura, una resistencia envainada suele envejecer mejor que una blindada, porque la cal la castiga menos. No es un detalle menor; con el tiempo marca diferencias en consumo y en mantenimiento.
Cuándo compensa y cuándo miraría otra solución
El termo eléctrico sigue teniendo sentido cuando la instalación debe ser simple, el consumo es moderado o no quieres obra ni gas. También encaja bien en segundas residencias y en casas con autoconsumo solar, porque puedes desplazar parte del consumo a las horas de producción.
| Sistema | Ventaja principal | Lo que miraría antes de elegirlo |
|---|---|---|
| Termo eléctrico | Instalación sencilla y coste inicial bajo | Ideal si el uso es medio o bajo y quieres una solución directa |
| Bomba de calor para ACS | Consume bastante menos electricidad para la misma agua caliente | Interesa más cuando buscas bajar kWh a medio plazo y aceptas más inversión inicial |
| Gas | Puede ser competitivo si ya existe la instalación | Hay que valorar disponibilidad, mantenimiento y coste real del combustible |
Si solo miras la factura eléctrica, la bomba de calor para ACS suele salir mejor parada; si miras simplicidad, el termo eléctrico gana por goleada. Yo lo resumiría así: para una vivienda pequeña, una segunda residencia o una reforma sin obra, el termo sigue siendo una opción razonable. Para una familia grande con uso diario intensivo, empezaría a comparar alternativas más eficientes.
También hay un punto intermedio muy práctico: si ya tienes un sistema de calefacción más avanzado o fotovoltaica bien dimensionada, el ACS puede integrarse mejor con esa lógica que instalar un termo convencional y dejarlo trabajar a ciegas todo el año.
Lo que yo revisaría antes de comprar o cambiar el equipo
- Número real de personas y horarios de ducha.
- Litros útiles, no solo la cifra nominal del depósito.
- Dureza del agua, porque cambia el tipo de resistencia y el mantenimiento.
- Etiqueta energética y consumo anual orientativo.
- Temperatura de consigna y si puedes programarla por franjas.
- Ubicación física: cuanto más cerca de los baños, menos pérdidas.
Si me quedo con una idea práctica, es esta: el termo eléctrico no dispara la factura por existir, sino por estar mal dimensionado, demasiado caliente o mal mantenido. Cuando eso se corrige, el consumo deja de ser un misterio y pasa a ser una cifra bastante controlable. Si aun así la factura sigue alta, yo compararía una bomba de calor para ACS antes de asumir que el problema es solo el equipo.